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Reseñas

Pubertat: ¿cuándo muere la inocencia?

Un análisis de Pubertat, la serie catalana que narra el fin de la infancia tras una agresión sexual adolescente.

Pubertat
Pubertat, una serie catalana que nos muestra los efectos de una agresión sexual por parte de unos jóvenes.

Blanco, negro, gris: la vida en sí. Esa puede ser la premisa de Pubertat, la serie creada por Leticia Dolera junto a Almudena Monzú. Una propuesta que se aleja de los dogmas y nos muestra cómo se habita la luz, pero también la oscuridad y las sombras, esas franjas intermedias, esos pliegues donde las certezas absolutas no existen.

La serie comienza con un evento que sacude la aparente calma de un verano en un pueblo catalán durante la celebración de la noche de San Juan. Todo surge con un «rumor ambiguo» y una conversación entre chicos en la que hay confesiones borrosas de lo sucedido en aquella fiesta.

Pero esta conversación tiene un trasfondo que cada vez se vuelve más oscuro: termina revelando una agresión sexual en grupo a una chica. Aquí no solo pesa la gravedad del acto sino la identidad de quienes están involucrados. Los implicados son menores entre 13 y 14 años, amigos íntimos de la víctima desde que eran unos niños.  

Esta es una serie trabajada con mucho cuidado porque se aleja de ampararse en fórmulas que despierten el morbo, al contrario, lo que hace la directora de manera muy estructurada es narrar ese efecto dominó: las fracturas emocionales, las decepciones cruzadas y las contradicciones de todas las partes involucradas, incluidos familia y amigos.

Y es en esa ambigüedad donde nos preguntamos temas específicos como a qué edad comienzan los actos violentos en un ser humano, de dónde proviene dicha violencia, o si hay conciencia de las acciones equívocas en la mente de un adolescente de 13 o 14 años.

Justo en esa penumbra la serie nos presenta las reacciones emocionales y estructurales de una comunidad que es parte de un todo.

Aquí el camino a seguir se diluye porque no se trata solo de una reflexión colectiva para entender los hechos, es que la rabia, la necesidad de comprender y las reacciones gregarias van fracturando para siempre esta comunidad. Aquí hay una herida más profunda de lo que todos imaginan.

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El castell como un espejo social

La serie articula la complejidad social y emocional en un escenario en paralelo, una de las expresiones más intensas del tejido comunitario catalán: la colla castellera. Estas son construcciones humanas, torres de personas que una sobre otra alcanzan una altura entre 4 y 10 pisos.

El castell funciona en la serie como metáfora estructural, esta arquitectura viva se sostiene gracias al esfuerzo compartido, y así nos lo hacen ver en los seis episodios de Pubertat.

Mientras que en la pinya [la piña o la base] se ubican los seres humanos que sostienen toda la estructura, personas que sirven de soporte para crear la red de esfuerzo colectivo y la estabilidad —sin distinciones de clase o de género—, en el tronc [tronco] se construyen los pisos verticales que le dan el equilibrio a quienes terminan con el pom de dalt [pomo de arriba], una cima a la que llegan los miembros más jóvenes y ligeros para culminar la torre.

Con el lema de Força, equilibri, valor i seny [fuerza, equilibrio, valor y cordura] estos grupos muestran una expresión cultural y de trabajo conjunto, pero aún más, esta construcción es una relación familiar, de confianza, de dependencia, de unión.

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Y es que en ese acto de agresión sexual en la noche de San Juan se quiebra la confianza de toda la comunidad, justo allí comienzan a aparecer las culpas, los señalamientos, las discusiones.

El planteamiento es directo, si hay personas que anulan tus emociones, vulneran tu intimidad o se confrontan por opiniones estructuralmente diversas ¿no empieza esta torre humana a colapsar? Más aún, ¿cómo construir de nuevo la colla castellera después de un evento tan traumático y confuso?

Como decíamos, este acto no solo afecta a la víctima, también al entorno. Los padres implicados, por ejemplo, descubren que los cimientos que creían haber estructurado para proteger y criar a sus niños y niñas tienen grietas que difícilmente van a poder pasar por alto. 

Es en esas grietas donde Pubertat no nos da un veredicto final ni reparte culpas cómodamente, no es que quede una sentencia sobre quién tuvo la razón, sino más bien nos deja una pregunta abierta sobre cómo las comunidades —adultos, adolescentes, niños, instituciones, entidades— reconstruyen sus lazos, establecen límites y toman decisiones después de que la confianza se rompiera desde dentro.

Al final en Pubertat lo que vemos es que el ser humano no tiene un tránsito individual. Al igual que en el castell, hay símbolos compartidos que nos revelan dónde reside el equilibrio y la fuerza. Torres humanas que solo se sostienen cuando cada quien asume su parte de peso y de cuidado, lejos pero muy lejos, de las construcciones en solitario.


Con las herramientas adecuadas podemos hacer frente a conflictos muy complejos.

Leticia Dolera – Directora de la serie

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Sinopsis oficial de Pubertat

La armonía de una comunidad se quiebra cuando una denuncia de agresión sexual estalla en redes sociales, señalando a tres adolescentes como responsables. Esto divide a las familias, que se ven forzadas a enfrentarse no solo a la verdad, sino a sus propios límites y responsabilidades. La tensión crece y una pregunta divide a todos: ¿Puede un niño ser un agresor sexual, o todo es fruto de la confusión propia de la edad?

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