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«Me late que sí»: ¿Qué harías para ganarte la lotería?

Me late que sí
Serie: Me late que sí

Matemáticamente hablando, es más probable que nos alcance un rayo a que nos ganemos la lotería. Sin embargo, seguro nos hemos preguntado más veces por la lotería que por el rayo.

Pensar en la fortuna nos lleva a una serie de preguntas sobre nuestras vidas.

Una de ellas podría ser: ¿qué necesidad de luchar por la suerte si todo está escrito previamente?, o quizás has pensado que la existencia es parte del azar y de las casualidades y que estos pueden cambiar en cualquier momento. También puedes estar leyendo y, con absoluto pragmatismo, debes estar diciéndome «todo depende de las decisiones que hemos tomado».

Lo interesante de este planteamiento es que sea destino, suerte o elección, todo forma parte de un proceso estadístico y probabilístico en el que unas opciones no son excluyentes -tampoco incluyentes- de las otras.

Seguramente analizaste esto alguna vez… o muchas veces, o una de cada cien.

Sea como sea, el caso es que en algún momento hemos soñado con ganarnos el premio mayor de la lotería, claro, porque el juego siempre ha sido parte de la esencia humana y también porque hay días en que nos podemos sentir lo suficientemente afortunados o desdichados para dejarle toda nuestra esperanza a un pedacito de papel.

Digamos que apostar es un acto de fe. Es arriesgar lo que se tiene para tener más. Ya nos han enseñado bien los famosos dichos que «hay que hacer circular la plata» o que «plata llama plata» por lo que apostar, de vez en cuando, no suena mal ¿verdad?

Serie: «Me late que sí». Cortesía: Netflix
Serie: «Me late que sí» en Netflix

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Las grietas entre la ilusión y la trampa

Siguiendo esta línea decidí escribir sobre la miniserie de seis episodios de Netflix, Me late que sí», una producción que nos muestra exactamente el sueño de un grupo de personas por «ganar» la lotería.

Bajo la dirección de Rodrigo Santos y Federico Veiroj en «Me late que sí» nos presentan el complejo entramado de uno de los fraudes más grandes de México en su historia reciente, el premio mayor de Melate. El evento ocurrió a comienzos del año 2012 cuando unos operadores de los sorteos de la lotería gestionaron un engaño millonario al emitir en vivo una grabación con los números que ellos habían elegido previamente.

Esta es una obra de ficción inspirada en hechos reales. Algunos sucesos y nombres han sido modificados para proteger la suerte, buena o mala, de los protagonistas verdaderos…
Nadie sabe a ciencia cierta cómo le hicieron… pero me late que fue así. 

Con este mensaje comienza la producción que nos lleva a conocer una serie de personajes que son los hijos del hartazgo, empleados que estaban cansados de ver la fortuna desde lejos, seres humanos que decidieron alterar el resultado oficial de la lotería manipulando a todo un país con dicha transmisión en vivo y en directo.

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Ocho segundos que cambian vidas

Mientras suben las balotas —de apenas 0.2 gramos cada una— transcurren ocho segundos, un trozo muy pequeño de tiempo que puede cambiar la vida de cualquiera. Entonces, si pensáramos que apostar es un acto de fe, ganar x cantidad de dinero es el premio a esa creencia y el puente a cumplir los anhelos.

Este es el caso de los funcionarios, al enterarse cuánto ganarían cada uno comenzó a planear cómo gastar esos millones. Claro, ellos no lo dejaron todo al azar porque se dieron cuenta que la suerte ya no era un misterio divino sino un truco de magia, de prestidigitación pura y dura.

Pues bien, esto es «Me late que sí», una serie que tiene el acierto de no quedarse en la anécdota criminal. En ella diseccionan la cotidianidad de la corrupción, no la plantean desde la anomalía sino desde el síntoma, como una justificación del merecimiento y de la supervivencia.

El centro de esta tragicomedia moral es Juan Luis Conejera -interpretado por el cubano Alberto Guerra-, un hombre aplastado por la rutina y quien no deja de preguntarse por la suerte y por las oportunidades de su vida. Por esto Conejera comienza a maquinar este fraude millonario, sin embargo, algo de esta magnitud no puede hacerse con la visión de un «genio» en solitario…

Es así como se van articulando los diferentes eslabones del robo, desde el equipo técnico encargado de empalmar los ocho segundos de video falso, hasta la edecán y los coordinadores que siempre tuvieron cara de póker antes y durante el fraude.

Para dar vida a este ecosistema de personajes entrañables y fallidos, la historia avanza con la actuación de talentos como Majo Vargas, Luis Alberti, Ana Brenda Contreras, Jero Medina y Andrés Almeida.

Por supuesto, cabe destacar la actuación del colombiano Christian Tappan quien encarna a un jefe corrupto, irritable y que le inyecta par espacios de histeria y de humor negro a la producción.

Una serie que nos obliga a cuestionar la relatividad de las cosas. Más aún, la relatividad del destino, la suerte o las elecciones.

Me late que sí. Cortesía: Netflix

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