«Horizonte» de César Acevedo: ¿qué nos deja la guerra?

«Horizonte» de César Acevedo: ¿qué nos deja la guerra?

La guerra solo deja muerte y dolor. Una frase que podría ser de cajón. Cajón, cajón, cajones con sus muertos. Miles de cajones, miles de muertos, miles de dolores reproducidos una y otra y otra vez. De eso sí que sabemos los colombianos; un bucle de luto que reconocemos de inmediato.

Esa sensación eterna de vivir en guerra es  lo que nos presenta César Acevedo en su nueva cinta “Horizonte”.  El director se lanza a caminar dentro de ese dolor para mostrarnos los rostros que la habitan, para recordarnos que los cajones con sus muertos no son los tuyos, ni los míos, son los nuestros. 

Hace años hablé con el director al respecto de su ópera prima, «La tierra y la sombra”, me decía en su momento de la catarsis que vivió con la cinta, de la importancia de la familia y hablaba de esa “casa habitada por fantasmas que deambulaban por las habitaciones sin poder decirse nada, sin poder reconocerse entre ellos”.  

Y aunque «Horizonte» no es una continuación, sí que pensé en esa frase porque considero que une estas dos cintas al ser una exploración de la pérdida, de los adioses forzados y de las heridas de las separaciones.

Anatomía de los duelos

En este nuevo filme César nos presenta el regreso de un hijo, Basilio, a los brazos de su madre. Él, es un espectro que regresa, un alma en pena. Ella, una mujer herida que ha esperado entre la vergüenza y la culpa el regreso de su hijo. 

En su encuentro se suman sus silencios y sus recorridos, cada paso es un acto de memoria colectiva, un llamado a la puerta de las víctimas de Basilio en búsqueda de alguna especie de redención que parece inalcanzable, una paz que consideran que puede nacer tras confrontar el horror.

Pero,  ¿puede haber redención después de la atrocidad? ¿Puede haber tranquilidad y no miedo después del arrepentimiento? 

Es esa atmósfera un reflejo visual del tormento interior, una profunda melancolía. Aquí es fundamental la dirección de fotografía de Mateo Guzmán, cuyo sello ya vimos en su anterior colaboración con Acevedo. Más allá de la estética, el manejo de los claroscuros y la composición de los planos funciona como un lenguaje moral en esta historia. 

Cabe destacar que esta potencia visual nos llevó a una conclusión con el equipo de Alucine y es que “cada plano parece un póster”, es como ver varias obras de arte en una exposición.

Ahora, la intención de Acevedo con su película es clara, va hacia la reflexión y “propone un ejercicio de humanización y sensibilización en torno al verdadero valor de la vida, el cual parece que hemos olvidado completamente ante la avasalladora desesperanza que aqueja a nuestros tiempos”.

Y es esa desesperanza la que se refleja en el guión también realizado por Acevedo. Una de las frases iniciales “esos hombres hicieron de la muerte una fiesta” hablaba de la deshumanización de personas que usaban cabezas para jugar fútbol. Una imagen que nos hace pensar en escenarios de brutalidad y sevicia que casi que son imposibles de dimensionar, que nos hacen dejar de respirar. 

Afiche oficial de la cinta colombiana "Horizonte" de César Acevedo.
Afiche oficial de «Horizonte»

El purgatorio del conflicto colombiano

 —¿Usted cómo murió, mamá? —preguntó Basilio. 

—Feliz, con una felicidad que nunca antes había sentido en la vida —respondió ella. 

Este diálogo encapsula la tragedia que Acevedo nos muestra, presentando algunas muertes como vía de liberación.

Claro, en escenarios de guerra todo está untado de lamentos, de injusticias y  por eso, la frase “los niños no sobreviven aquí”, es tan potente en todos los lados, porque Basilio al final era solo un niño cuando fue arrancado de su casa, de su camino, cuando fue obligado a entrar en el mundo de la guerra.

Es así como este viaje no deja de hacernos pensar en el purgatorio de Dante y su Divina Comedia. El dolor y la espera de las víctimas, los restos de vidas enteras destrozadas en el ambiente, la pregunta de la razón de la violencia, el cuestionamiento de si la bondad y la maldad se heredan o se aprenden en el camino. 

«Horizonte» es, en esencia, un acto de escucha y de reflexión. Un llamado a entender que el dolor no tiene dueños exclusivos, un recordatorio de la oscuridad y de la incertidumbre. 

Me pregunto de nuevo, ¿qué nos deja la guerra?

Y respondo: nada, deja nada, la nada.

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