Salvador: la serie de Netflix que nos muestra la trampa del fascismo

Salvador: la serie de Netflix que nos muestra la trampa del fascismo

Conocí a Lorna en el colegio, ella tenía 16 años -yo 12-. Era de ojos muy claros y pelo rubio, una de las tantas clases de belleza que existen pero que, en este mundo roto y cargado de estereotipos, se convierten en una “ventaja social” o, para otros, en un símbolo de “superioridad”. 

Una tarde salimos a su casa. Era la primera vez que hablábamos después del colegio, esto por la profe de historia que nos había dejado juntas en un trabajo. Nunca lo había notado, pero Lorna era una persona muy nerviosa, le sudaban las manos y no sostenía la mirada.

Así que, para entablar algún tipo de conversación, le pregunté qué hacía cuando terminaba de estudiar. Fue tremenda la sorpresa cuando me contó que se la pasaba con un grupo de «amigos» que «cazaban» a los «diferentes o a los raros». Así, sin más. 

¿»Cazaban» personas? ¿Qué significaba «raros o diferentes»? De ahí a la oscuridad. Esa tarde me contó con máxima naturalidad sobre la violencia que ejercían en otros, pero también sobre la violencia en contra de ella.  

Después de ese discurso de odio aprendido me confesó con  vergüenza que estaba rota. Quería desvincularse de ellos pero al ser la novia de uno de los líderes, afirmaban que «sabía mucho». Sus opciones, entonces, se limitaban a aguantar o a dejarlo todo fuera. Su barrio, su ciudad, su casa, todo. 

El recuerdo de aquella tarde se desbloqueó en mi mente cuando vi Salvador, la nueva serie española de Netflix. Ocho episodios en los que nos presentan a un conductor de ambulancia que descubre que su hija Milena es parte de un grupo neonazi. 

Hay quienes critican la serie por dispersarse en muchos frentes. Se habla del alcoholismo, del racismo, también del movimiento misógino de los Incels -tema determinante en el desarrollo del guión de la serie y que ya hemos visto en producciones como Adolescencia y Machos Alfa-. También se habla de la xenofobia y los extremos de los grupos radicales. Pero, ¿no es ese caos el mayor acierto de la serie? ¿Quizás es el reflejo de la realidad fragmentada que vivimos, no? 

Las grietas del sistema en Salvador

Es que nuestras narrativas están más desordenadas que nunca, todo se mueve con una velocidad violenta, con muchos baches o cráteres en donde la fluidez humana se rompe, se vuelve confusa.

Y es que el personaje de Salvador -interpretado por Luis Tosar, sí, el mismo de Celda 211 y Los favoritos de Midas-,  nos muestra ese personaje que de a pocos se va estrellando con la realidad. A través de su mirada, nos cuentan cómo funcionarían algunos de los grupos ultra desde su base, desde la manipulación emocional, desde la radicalización estética, un ejercicio que nos recuerda que estos grupos no nacen en el vacío sino desde las grietas sistémicas

También nos presentan estos escenarios como caldo de cultivo del “fascismo moderno”, un espacio donde se develan los «Mr. Hyde» en los que muchos no quisieron o temieron convertirse. 

Salvador, serie de Netflix - SALVADOR Claudia Salas as Julia, Luis Tosar as Salvador in episode 07 of SALVADOR. Cr. Jaime Olmedo/Netflix © 2025

Salvador, creada por Aitor Gabilondo -recordado por series como Patria– y dirigida por Daniel Calparsoro contiene capítulos de adrenalina y dualidades, donde incluso Salvador, sin estar de acuerdo con grupos extremistas, termina siendo confundido con uno de ellos. 

Y es que esta serie nos muestra que estamos desquiciados al creer que hay ciudadanos de primera o de segunda categoría, que solo importa la guerra si nos toca a nosotros, que solo mi punto de vista es el que tiene la razón. 

Pasa en lo público y pasa en lo privado y es hora de preguntarnos desde dónde gestionamos la autocrítica, en qué lugar nos refugiamos cuando nos llegan los dolores colectivos e individuales, qué tantos innegociables tenemos y cuántos matices tramitamos.

Aquella noche, a mis 12 años, no pensé en esto. Solo pensé en la vida tan triste que tenía Lorna, de razón vivía nerviosa. Ella no me volvió a hablar y después de un par de semanas no regresó al colegio. 

Nunca la volví a ver. 

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